http://www.clarin.com/diario/2009/06/18/um/m-01941522.htm
El velatorio se realiza desde anoche en la Legislatura porteña y continuará hasta el mediodía. Cientos de personas pasaron para despedir al actor, que murió ayer a los 46 años a causa de un cáncer de hígado.
Cientos de admiradores y personalidades del ambiente artístico y periodístico se dieron desde anoche en la Legislatura porteña donde son velados los restos del actor Fernando Peña.
Después de las 23 se abrieron las puertas para que los fans que aguardaban desde horas antes pudieran entrar a despedir al actor, que murió ayer a la tarde en la clínica Alexander Fleming, a causa de un cáncer.
En la capilla ardiente estuvieron entre otros los periodistas Jorge Lanata, Luis Majul, Lalo Mir, Alejandro Apo, Nancy Pazos, Elizabeth Vernazzi y Gabriel Shultz.
Ya en los primeros minutos de hoy, pasaron por la Legislatura, Graciela Borges, Enrique Pinti, Sebastián Wainrach, Carlos Perciavalle y Andrea Frigerio.
“Hay que recordarlo con alegría, porque ésa era su forma de vivir”, aseguró Shultz antes de ingresar. YJorge Lanata definió a Peña como “un gran artista y un gran tipo”.
Familiares y allegados pidieron que no ingresaran en el recinto periodistas ni se filmara.
Los restos del actor serán velados hasta el mediodía.

El actor y conductor de radio murió ayer a los 46 años, de un cáncer de hígado. Desde hacía 8 años era portador de HIV. Polémico y transgresor, compuso una galería de entrañables criaturas. Hasta la semana pasada condujo “El parquímetro” desde su casa. Estaba realizando un documental sobre su enfermedad.
Por: Fernanda Longo
http://www.clarin.com/diario/2009/06/18/espectaculos/c-00811.htm
“Lo que pasa es que yo me hago mucha mala sangre”, solía bromear Fernando Peña sobre su enfermedad y su muerte siempre inminente, temas recurrentes desde hace ocho años, cuando declaró públicamente ser portador de HIV y decidió transmitir su ciclo de radio, El parquímetro, desde la clínica donde le aplicaban quimioterapia.
Actor de teatro y TV, inefable conductor de radio (elegido dos años consecutivos “Hombre de radio” en los Premios Clarín Espectáculos), personaje mediático, transgresor y entrañable, ayer, a las 16.40, Peña murió en el Instituto Fleming de Belgrano, adonde estaba internado por un cáncer de hígado. Sus restos eran velados anoche en la Legislatura porteña.
Había cumplido 46 años el 31 de enero. Hasta la semana pasada seguía haciendo su programa radial desde su casa. Y, hasta hace un mes, protagonizaba en teatro Diálogo de una prostituta con su cliente.
“La gente que vive apasionada muere joven. Yo imagino así mi suicidio: voy a ir en el auto, a 80 kilómetros por hora, feliz y distraído, y me voy a llevar una columna por delante”, fantaseaba hace unos años, cuando su enfermedad parecía controlada. No pudo cumplir ese deseo. La muerte no lo encontró distraído: lo encontró presente, peleando, resistiendo hasta el último minuto.
“Claro que me importa morir, pero más me importa vivir bien”, desafiaba, y no era mera provocación. De hecho, cuando una neumonía parecía haberle ganado la batalla, decidió suspender los cócteles y los tratamientos, que cada vez le traían más efectos secundarios y le impedían vivir la vida que había elegido. En este último mes, con un diagnóstico de cáncer terminal alojado en el hígado, Peña supo que esta vez sí era el final: protagonista de su propio reality, empezó a filmar un documental que incluyó imágenes de sus médicos y de sus últimas internaciones. Era su “legado”: una manera de desdramatizar la muerte y familiarizar a la gente con la enfermedad, dijo en una última entrevista televisiva.
Nacido en Montevideo en una familia acomodada, con un hermano músico, Federico, y un probable hijo al que nunca conoció, Peña era un hombre feliz. Contaba sin ruborizarse que solía mirar el cielo y decirse a sí mismo “pensar que esto es todo lo que soñaste”. Su sueño realizado era hacer teatro en una sala céntrica porteña, vivir de su trabajo, producirse a sí mismo y abastecer a su pequeño grupo de “incondicionales”: dos docenas de personas con las que armaba sus espectáculos.
“Me conoce todo el mundo, mamá”, decía que le hubiera gustado gritarle a su madre -la imponente actriz y cantante española Malena Mendizábal-, que nunca confió en su talento. Cuando ella murió, en el ’97, Fernando Peña no existía. Era, todavía, la misteriosa voz de Milagritos López en un programa radial que conducía Lalo Mir por la Rock & Pop.
Cuenta la leyenda que Lalo lo descubrió en un vuelo de American Airlines, la aerolínea en la que Peña trabajaba como comisario de a bordo. De tanto escuchar a una cubana que deliraba por el altavoz, Lalo la quiso conocer, y así comenzó la carrera radial de Peña. Pero ese no fue, en rigor, su debut. Su primera entrada había sido en la infancia, cuando su padre, el conocido periodista deportivo Pepe Peña, lo llevó a un programa. “Papá, me meo”, fueron sus primeras palabras al aire.
De columnista de Lalo, Peña -que había estudiado teatro desde chico, cuando vino con su familia a vivir a Buenos Aires, y había sobrevivido dictando clases de inglés- pasó a su programa propio: El parquímetro (por FM La Metro) se emitía de lunes a viernes de 10 a 14, y fue un éxito indiscutido durante tres años, en los cuales desplegó una enorme galería de personajes que se disputaban el micrófono, superponiendo sus voces (ver Los rostros…).
De La Metro pasó a la noche de la Rock & Pop con Cucuruchos en la frente, un ciclo que no tuvo tanta suerte. Pero ya tenía sus fans. Mientras sorprendía con sus unipersonales teatrales (en los que escandalizaba e interactuaba con el público), el personaje de transgresor que alimentaba para los medios evolucionaba hasta dejar de ser un marginal, temido por sus declaraciones, para convertirse en el “niño mimado” de la TV. Amigo de Jorge Rial, de Juan Castro, de Luis Majul y de Oscar González Oro, todos seducidos por sus opiniones sin filtro, su indisimulable bonomía y la inocencia infantil que se traslucía detrás del personaje.
“Yo no celebro estar vivo, la vida para mí no es maravillosa, es una circunstancia y punto”, se jactaba antes de estrenar La burlona tragedia del corpiño, dedicado a su madre y a su abuela, Gloria Ballardo, que lo crió leyéndole a Lorca y a Juan Ramón Jiménez.
Peña dijo alguna vez que si no se hubiera dedicado a actuar, hubiera sido un “puto triste… Un Barreda, un asesino serial”. La locura -que había amenazado a toda su familia- era una de sus obsesiones, y la exorcizaba actuando: “Yo a la locura la despliego en el escenario, le tengo pánico a esa gente contenida, tan compuesta”.
Decía que no creía en los finales felices, y solía sentirse malinterpretado cuando lo acusaban de provocador: “A mí me encantaría pararme en el Obelisco y decirles a todos: déjenme terminar, pero escuchen bien lo que tengo que decir”. ¿Qué? “Que soy un romántico, que no provoco al pedo, que mi provocación tiene un sentido y un rumbo… que la necesito, para poder embellecer el final”. Un final anunciado, pero igualmente triste.
El reality sobre su enfermedad
La última aparición fuerte de Fernando Peña en TV fue en Intrusos (América), el 4 de junio. Eligió a Jorge Rial para desdramatizar el tema de su enfermedad en una entrevista. “Necesito ir a tu programa, necesito mimos”, contó ayer Rial que el actor le había pedido.
“No vengo a dramatizar. No quiero hacer de esto una nota amarilla. La gente no me creyó en un primer momento lo del linfoma. Pensaban que era un loquito que venía por prensa”, dijo Peña en aquella oportunidad. Y advirtió que estaba prestándose a un documental con su “camarita” mientras le hacían la primera sesión de quimioterapia, video que cedería luego a una entidad para la lucha contra el cáncer, y que le llevó a Rial como testimonio de su lucha. “Tengo ganas de dejar algo, una enseñanza, un legado”. En el documental se lo ve en una clínica, riéndole a la cámara mientras le colocan una sonda. “Estoy pesando 104 kilos, pienso adelgazar pronto”, ironizó. Luego, se lo ve interrogando a su médico y confirmando el tumor en el hígado. “Se me cruza no dejar nada pendiente. La palabra no es luchar, sino ponerme de acuerdo con la enfermedad y que me de un tiempo más”, confió a Rial aquella vez.
Sus escándalos públicos más conocidos
Nunca le sacó el cuerpo a las polémicas: ni cuando las buscaba, ni cuando lo entraban. No le gustaba callarse la bronca. Aquí, un repaso de sus enfrentamientos, tanto en el teatro como en la radio y la TV. Y hasta le hizo frente a los EE.UU.
Con Luis D’Elía (marzo/08)
El recordado diálogo radial que tuvo en la Metro arrancó así: “Tenemos una nota de color…, de color negro, porque está Luis D’Elía del otro lado de la línea. Hola Luis, Fernando Peña, ¿cómo te va?“. D’Elía: ¿Cómo le va sorete? Peña:
¿Por qué le pegaste a la gente? ¿Cómo fue, a ver si te animás a contar? D’Elía: Odio a la puta oligarquía, odio a los blancos, te odio Peña….
Con Mirtha Legrand (agosto/08)
El actor casi mata a Mirtha, pero de un susto. Fiel a sí mismo, durante uno de los habituales almuerzos, habló de todo y en un momento, sobre el final, sacó un revólver de su cartera y apuntó a la cámara diciéndole a la diva: “Esto es lo que la gente quiere ver en televisión, Mirtha”. La conductora lo miró feo y repondió: “Eso no me gusta”. Era la primera vez que Fernando Peña amorzaba en el programa de América.
Con los Estados Unidos (junio/05)
Peña dijo que fue discriminado por los Estados Unidos, que le negó la visa por tener HIV. Su intención era viajar para el casamiento de su hermano. El actor dijo que fue víctima de un caso de “discriminación de parte del país del norte” y aclaró que no tenía sida, sino que era “portador de HIV. Fui honesto y a la pregunta, contesté que sí”.
Con una espectadora (junio/06)
Fue demandado por una espectadora que se sintió maltratada cuando él hacía su obra Ni la más puta en una sala del Multiteatro. En plena función, Peña se enojó con la mujer porque le había recriminado el voltaje de uno de sus monólogos. El actor se acercó hasta donde estaba sentada, sacó su miembro viril y se lo pasó por la cara. Lo expulsaron del teatro y la mujer exigió un resarcimiento por el mal momento vivido.