BUENOS AIRES KARMA

“No nos desesperamos por tener guita, ni chicas, ni drogas”

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Del dengueano Oeste –con la venia desinteresada de Ricardo Mollo–, los BAK acaban de editar Terrícolas, con un sonido rockero sórdido y furioso.

Por Daniel Jimenez

En agosto de 2004, este cronista se encontraba en la quinta que los Divididos tienen en el Oeste del conurbano (más precisamente en Parque Leloir), en ocasión de entrevistar a Ricardo Mollo, a pocos días de que Catriel Ciavarella ingresara a la aplanadora en reemplazo de Jorge Araujo. “¿Qué banda nueva escuché y me gustó mucho? Buenos Aires Karma. Esos chicos son muy buenos… lástima que canten en inglés”, confesaba Ricardo, hombre poco afecto al elogio fácil.

Cinco años después, los cuatro Buenos Aires Karma –Emanuel Sáez, guitarra y voz; Pablo Passano, guitarra y voz; Juan Carlos Ruiz, batería; y Gregorio Martínez, bajo– se bajan unos tostados en un bar de Castelar. Mollo nunca produjo a los Karma y tampoco los recomendó a una compañía, pero les tiró una señal que los cuatro entendieron perfectamente: acá hay algo. “En 2003, cuando grabamos nuestro primer EP, que fue el que escuchó Ricardo, no teníamos experiencia en grabación. Pero, al parecer, ese material lo flasheó y nos tiró buena onda. Creo que ahí nos dimos cuenta del potencial que teníamos; pero como éramos más pendejos lo grabamos todo así nomás, aunque a mucha gente le gustó”, dice con orgullo Emanuel. “Somos pacientes y metódicos”, agrega Pablo, la pata hinduista de BAK.

“Hay bandas que se desesperan y en tres años tienen que tener todo resuelto, y para nosotros no es así. La idea es hacer música, cada vez mejor, y progresar en la composición.” Y como toda buena historia, el componente bizarro dice presente: “En ese tiempo también grabamos otro EP de cinco temas que nunca editamos y que era una mezcla de rock barrial y glam rock. Aquellas canciones las grabamos con una portaestudio digital que nos prestó Guillermo Vilas a través del papá de Ema (Julio Sáez, guitarrista y compositor de Plus y Taxi, hombre de confianza del Indio Solari, alguna vez integrante de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado). Sería muy largo de explicar, pero podés poner que de alguna manera Willy estuvo en nuestro inicio”.

El ahora de Buenos Aires Karma no tiene destino de estadios, pero para un grupo que recién asoma su cabeza desde Ituzaingó, y que lucha contra la falta de difusión y un mercado cada vez más chico, es mejor de lo que ellos imaginaban: acaban de lanzar Terrícolas, un poderoso disco de diez canciones de rock de guitarras espesas y oscuras, hijas de la densidad nerviosa de Alice in Chains y Soundgarden, producido por Martín Carrizo, levantaron el pasado fin de semana un Niceto ante 400 personas –junto a sus coterráneos de Yicos y Planta–, y a fines de mayo se van de gira con los Natas.

“Tuvimos veinte días para grabar todo porque Martín estaba muy ajustado con su agenda y lo teníamos que hacer rápido. Al final quedó buenísimo porque fue muy orgánico y muy crudo, sin meterle ninguna máquina; no es Nevermind, pero es el disco de una banda de rock al palo”, cuenta Emanuel.

La prehistoria de Buenos Aires Karma dice que en el comienzo fue el inglés. Con la misma formación editaron luego de su debut un segundo mini álbum (Nadie respira por vos, 2005) y un tercero –sacando provecho de la ductilidad armónica de los cantantes– con versiones acústicas (The Wonderland Sessions, 2006). Todos en inglés. Hasta que llegó Carrizo y las cosas empezaron a transformarse, como quería Mollo. Gregorio planta bandera: “Ahora nos sentimos cómodos con el español, aunque el próximo disco tal vez lo grabemos en castellano y en inglés”.

Buenos Aires Karma promedia los 27 años y una carrera en el under que no comenzó con sus primeros shows como proyecto establecido a inicios de esta década sino en el secundario. Su primer concierto lo dieron sin Gregorio (el bajista en ese momento era su hermano mayor) a los quince años en una fiesta de la escuela. El repertorio incluía Ratones Paranoicos, La Renga, Sumo y sólo dos composiciones propias. Se guardaron dos años entre 1999 y 2001 para darle forma a la criatura. Esquivaron la tentación de salir a rockear y perfeccionaron su sonido hasta que decidieron que ya era hora de pisar los escenarios y lo hicieron como Underglam. Ema, Pablo y Carlos tenían 18 y Goyo 15. ¿Qué sucedió entre los Ratones y el rock oscuro y heterodoxo que hoy profesan? Habla el pequeño Sáez: “Estábamos descubriendo mucha música y eso nos hizo abrir la mente. Tal vez la primera etapa era más industrial y había más temas instrumentales, no como ahora, que tal vez haya más canciones. La culpa la tienen el hermano y el primo de Gregorio, que nos quemaron la bocha” (risas).

Pero ellos saben que hacer pie en el rock argentino no es tarea fácil. “Hace poco fuimos a tocar a General Rodríguez, al costado de la vía, para cuarenta personas. Cuando llegamos había un tipo haciendo karaoke de Palito Ortega y un inflable con chicos jugando; un bajón, pero fuimos igual”, cuenta Carlos. “Si hay un evento, tenés que ir a volantear; si hay un concierto, tenés que ir a volantear, a estar presente para que se conozca tu banda. Lo mismo acá en el Oeste. Nosotros armamos fiestas en nuestra casa y cae gente que por ahí te vio tocar y que se mandó, pero es un trabajo que lleva tiempo”, reconoce Passano. “Acá tenés que cuidarte, ensayar, estar bien y prepararte para un mercado que no te da ni bola. En Europa te hacen videos, te preparan una gira; acá en muchos lugares ni siquiera hay equipos para tocar y las compañías esperan que metas mil personas o que entregues el orto para que te consideren. Nosotros queremos mostrar lo que hacemos y, fundamentalmente, mostrar nuestro vivo, que es un show contundente de rock. Hay bandas como No Lo Soporto que aparecen en los diarios y cuando las ves en vivo no pasa nada, y no queremos eso. Aspiramos a tocar cada día con mejores bandas y salir del barrio, sin ser un producto que un medio te mete en los oídos a la fuerza.”

Las performances de Buenos Aires Karma, además de ser poderosas entregas de adrenalina, son cambiantes. Desde aquellas noches de desmadre de 2005, cuando explotaban con maquillaje corrido Locomondo en Ramos Mejía ente 50 efusivos fanáticos, hasta la presentación reciente de Terrícolas en el Teatro Antesala lookeados como guerreros tribales, ellos manejan su tiempo y espacio. Por eso no llamó la atención que se unieran al beat multicolor de Yicos y la cadencia combativa de Planta para la fecha de Niceto.

Terrícolas fue editado de manera independiente por Buenos Aires Karma y la distribución, uno de los principales obstáculos de los artistas independientes, está a cargo de DBN. Un plan que, como reconoce Emanuel, “ayuda pero no te cambia la vida, porque la tenemos que seguir remando, y los shows sirven para eso. Nuestra meta es artística y no nos desesperamos por llevar mucha gente, ni tener guita, ni chicas, ni drogas, sino que se trata de un proyecto artístico serio”, apunta el bajista. Y remata: “Las chicas y las drogas ya estaban en el colegio; entonces, ¿para qué armar una banda para tenerlas?”.

* Buenos Aires Karma presentará Terrícolas oficialmente en el Oeste el sábado 18 de abril a las 22 en Santana Bar, Presidente Perón 414, Ramos Mejía. Más información enwww.myspace.com/buenosaireskarma

EL ROCK COMO BANDA DE SONIDO DE LOS ESPECTROS

Hay un fantasma en mi Mp3

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Por Javier Aguirre

Cuando el rock toma como musas a ánimas, apariciones, visiones o espíritus, suele hacerlo desde el lado metafórico; lo que no debería sorprender: a decir verdad, si lo hiciera con la certeza testimonial de que los fantasmas existen, los videoclips en cuestión tendrían más rotación en Infinito que en Much Music…

La veta ocultista no ha logrado cautivar demasiado a los compositores de rock. Ni siquiera la palabra Huija, que da nombre al cuarto disco de La Portuaria, parece remitir en primera instancia al tablero de convocatoria fantasmal, sino más bien al grito telúrico de euforia más propio del tehuelche Patoruzú que de Mulder, el de los Expedientes X. Lejos de representar etéreos resabios de muertos encariñados con mansiones embrujadas, los espectros que protagonizan canciones de rock por lo general funcionan como símbolos de lo inmaterial, de lo intangible, o bien como metáfora melancólica del muerto en vida, del que se siente fuera de su cuerpo, ajeno a sí mismo.

Sobre esas líneas espectrales opera el debut solista de Manu Chao, que ofrece un 1-2 fantasmal en sus dos primeras canciones: “Soy una raya en el mar, fantasma en la ciudad”, se dice a sí mismo el narrador del tema Clandestino; y retoma la idea en el track siguiente, Desaparecido, con la línea: “Me dicen el desaparecido, fantasma que nunca está”. También en ese sentido funcionan desde Como un fantasma, de Los Súper Ratones (“Ya no te toco, ya no te siento, todos mis signos se van perdiendo”) o Novia fantasma virtual, de Nerdkids; hasta el hit de Charly García El Fantasma de Canterville, tan célebre por Sui Generis como por León Gieco, que toma prestado el cuento de Oscar Wilde para decir: “Sin embargo estoy tirado y nadie se acuerda de mí; paso a través de la gente, como el Fantasma de Canterville”.

Fuera de las alusiones literales (allí están bandas como Fantasmagoria o Il Phantasmo, o el disco Espíritu, de La Mancha de Rolando), otro posible uso del “espectro” en el espectro (je) del rock es en la idea metafórica del remanente; es decir, de algún rastro del pasado que permanece, aunque no necesariamente se oculte bajo una sábana traslúcida y arrastre cadenas. Es el caso del borgeano título Fantasmas de lo nuevo, tema que dio nombre al disco debut de Cuentos Borgeanos, que decía: “Voy a buscar lo que ya olvidé sobre mis recuerdos… sobre mis papeles… ruinas que circulan volverán con aire soñador, volverán fantasmas de lo nuevo”.

Acaso el ejemplo de rock fantasmal que –¡por fin!– se acerca con menos pruritos alegóricos a la idea de un alma en pena sea la canción Fantasma, de Los Piojos (del disco Máquina de sangre), que señala: “Voy cruzando las paredes de tu casa / vos creíste ver mi sombra en el espejo, vengo para amarte desde un mundo viejo / ya no llamás a ese cura ni a esa bruja arpía, porque en esta casa siempre serás mía / Sólo un fantasma soy / soy el espíritu que ronda tu casa”.

Por las dudas, vaya un saludo a Lennon, Harrison, Brian Jones, Pappo, Joey Ramone, Freddie Mercury, Federico Moura, Joe Strummer, Jerry García, Miguel Abuelo, Bob Marley, Roy Orbison, Luca y tantos otros; que quizá te estén mirando desde más cerca de lo que vos creés.

Cosas raras para gente normal

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¿Hay fantasmas en Buenos Aires? ¿La cultura joven tiene un costado esotérico escondido? ¿Los fantasmas escuchan rock? ¿Qué hacemos con nuestro costado agnóstico cuando las apariciones son recurrentes? Y… creemos o reventamos. Un cronista del NO hizo el Juego de la Copa para averiguar qué se lee en el más allá. El resultado es sorprendente. Buh.

Por Facundo Garcia

“Nunca supimos lo que fue. Vivíamos en un departamento alquilado y yo estaba sentada en el suelo, jugando con mi hermana. Me colgué mirando cómo se ataba los cordones y de pronto vi, unos centímetros más adelante, unos zapatos que no eran los de ella. Giré la cabeza hacia arriba para ver de quién eran, y resulta que ahí enfrente estaba parada una señora mayor que nos era totalmente desconocida. Llevaba ropa gris, levantaba y bajaba la punta del pie –como se hacía antes cuando una estaba enojada–y tenía muy mala cara. Salí corriendo.”

Noelia E. tiene veinte años. No parece loca, ni obsesionada con el esoterismo. Es la primera vez que habla del asunto, y revolver en su memoria le altera la voz. Además está segura de que no hay persona que no haya pasado por una o dos de esas experiencias: “No nos animamos a contarlo públicamente porque nos tildan de locos”, se defiende.

¿Y qué fue lo que asustó a esta piba? Cuando se es chico la respuesta es sencilla: ¡El cuco! ¡La bruja Cachavacha! ¡Mirtha Legrand en tanga! Más tarde, cada cual forma una opinión que llega para quedarse. “Existen”, gritarán desde un lado. “Son puros cuentos”, acusarán otros. Pero, ¿qué tal si, más allá de esas posturas irreconciliables, se pudiera dedicar una semana a plantear otra vez aquellas preguntas que nos erizaban los pelos?

Aquí debería escucharse “Ñaca Ñaca Ñaca” o cualquier expresión por el estilo. Pero mejor guardar las risas tétricas para más adelante, porque hasta ese momento no había pasado nada. Horas después de haber escuchado el recuerdo de Noelia, una combinación de insomnio y julepe impulsó al cronista a salir a caminar. A las dos y media de la mañana, Avenida de Mayo estaba prácticamente desierta, excepto en la puerta de un boliche lleno de caras pálidas, cadenas y minifaldas de encaje y cuero. Daba la impresión de que si había alguien que supiera contactarse con los muertos, seguramente iría ahí a tomarse una birra. La escalera descendía y con cada escalón la música se hacía más potente. Era difícil entrevistar, en parte porque el sonido estaba al recontrapalo y en parte porque al periodista le jugaba en contra el haberse puesto una camisa más adecuada para ir al Fantástico Bailable que a un reducto dark. No obstante, logró pegar onda con una tal Irene, que no sólo aseguraba ser experta en el tema sino que invitó a jugar al juego de la copa la próxima vez que hubiera luna llena. La contestación fue un sí grande como una casa. Embrujada, por supuesto.

La Playstation de ultratumba

Y hete aquí que este “juego” –la tabla Ouija, para los gringos–es viejísimo. Consiste en un tablero en el que están las letras del alfabeto, un “sí”, un “no”, un “hola”, un “chau” y los números del 0 al 9. Hay que dar vuelta la copa, poner la punta del dedo en la base –se recomienda que haya entre tres y cinco voluntarios–y esperar a que “las fuerzas” se manifiesten señalando hacia los diferentes signos. “De acuerdo con las encuestas que hemos hecho, es una práctica que se inicia entre los trece y los diecisiete años. Después se interrumpe, no se sabe bien por qué”, aporta Alejandro Parra, investigador, docente universitario y presidente del Instituto de Psicología Paranormal.

–Pero, ¿cómo funciona?

–Eso depende de quién lo explique. La interpretación espiritista considera que si “jugás” se manifiestan –creas o no–seres del más allá. Por eso hay quien avisa que la práctica regular puede traer consecuencias no deseadas para los que no saben del tema. Incluso hay quien ha llegado a hablar de “posesiones”. Desde una perspectiva psicológica, se produciría por un movimiento muscular inconsciente, que da la impresión de ser ajeno a los que están en la reunión. “Ey, yo no la muevo”, te prometen los involucrados. Y la realidad es que la mueven entre todos, por más que no se den cuenta.

La “moda Ouija” se hizo masiva a fines del siglo XIX. Elijah Bond era un abogado barbudo que notó que conversar con los fiambres se estaba volviendo un entretenimiento fashion. Se le ocurrió inventar un tablero que sirviera para eso. Consiguió el apoyo de otro empresario, Charles Kennard, que dicho sea de paso se parecía más a Edgar Allan Poe después de tomarse un litro de ajenjo que a un capitalista próspero. Registraron la patente el 10 de febrero de 1891, y parece que a los espíritus les importó un pepino porque al toque se fundieron y hubo que venderle el invento a un ex empleado astuto, William Fuld.

William le dio un empujón al negocio. Insistió en que el nombre “Oui-ja” no venía de la antigua lengua egipcia –como fabulaban sus predecesores–sino que significaba “sí-sí”, ya que oui es “sí” en francés y ja es “sí” en alemán. Le iba bien: el producto se vendía y el edificio donde lo hacían ya tenía tres pisos. El 24 de febrero de 1927 se subió al techo de su fábrica para supervisar el cambio de una bandera. Canchero, se apoyó en una baranda floja y pasó de largo. Un palo de aquéllos. Ya en el hospital, le hizo prometer a su familia que no venderían los derechos de comercialización del tablero. Fue una de sus últimas frases. Treinta y nueve años después del porrazo –en 1966–, los herederos le pasaron la patente a los Parker Brothers, que son los dueños del Monopoly.

Así es como hoy la tablita se vende a unos veinticinco dólares. Claro que los que no están dispuestos a pagar esa pequeña fortuna para saludar al bisabuelo optan por la copita. Sin embargo, ninguno de los dos métodos suele dar información que no conozcan los que están presentes. “Es posible que haya excepciones –advierte Parra, ya cerca del final de la entrevista–. Una vuelta estábamos haciendo una práctica y apareció una dirección: Aristóbulo del Valle 2682. En la mitad de la reunión hicimos un descanso y se me acercó una chica que había ido como observadora, para contarme que justo en ese lugar habían asaltado y asesinado a su marido. Es el caso más interesante que viví en ese sentido. Nadie más tenía el dato. De todas maneras, siempre hay que hacer lo posible por no caer en el pensamiento mágico. No es malo sorprenderse, pero es mejor pensar explicaciones.”

Abuelita dime tú

–¿Así que te encontraste con “algo”?

–Sí, me desperté a la madrugada. Al principio era apenas una sombra. Después pude fijarme mejor.

–¿Pero era una sombra de animal? ¿De humano?

Sole R. hace una pausa, como tomando envión antes de soltar, en voz muy baja:

–No, era la imagen de mi abuela. La noche en que se me apareció se estaba muriendo.

Sole R. tiene trece y es la entrevistada más chica de la tanda. No hace mucho acudió a una institución de apoyo contando que cuando estaba sola sentía que la observaban. “Me gustaría saber qué es lo que me pasa”, anotó en el mail, tan escueta en la palabra escrita como en la charla telefónica. Si uno se resiste a la tentación de diagnosticarle paranoia o psicosis, su relato da un poco de cuiqui. Coincide, eso sí, con una gran cantidad de testimonios en los que las supuestas “apariciones” corresponden a seres queridos. Maru G. es más grande, tiene 22. Labura en el poco metafísico universo de la odontología, y no obstante comparte con Sole R. la experiencia de tener su propia abuelita espectral: “Desde chica, cuando me siento sola o mal, la veo a ella. Y eso que no se me ha dado por jugar al juego de la copa, ni me llaman la atención las religiones raras. Lo tomo como algo natural”, confiesa.

Aunque no les guste hablar, ni quieran figurar en las fotos, Soledad y Maru suponen que no son las únicas que se cruzan con esos “fenómenos”. De hecho, el psicólogo Parra puntualiza que “las investigaciones que se han hecho con estudiantes de psicología de entre 18 y 25 años –una en la UBA hace diez años, y otra en la Universidad Abierta Interamericana en 2003–arrojaron cifras relativamente fijas. Alrededor de un 70 por ciento admite haber tenido sueños premonitorios, en tanto que un 35 por ciento habla de haber sentido ‘que se salía de su cuerpo’. Por último, uno de cada diez encuestados menciona a las apariciones”.

“En más de un sentido, las experiencias paranormales son un tabú –concluye Parra–. Así como hace cien años no se hablaba de sexo por pudor, hoy quien se interesa en esto se expone a la burla o a los chantas.” Se estima que entre quienes han pasado por “vivencias extrañas”, la abrumadora mayoría no lo comenta. Y del 20 por ciento que sí pide ayuda, la mitad no recurre a médicos, psicólogos u otros profesionales, sino que se limitan a plantearle el problema a la familia o los amigos.

Lugares de miedo

En una habitación tranquila y silenciosa, la mascota corre súbitamente a esconderse, o se cuelga siguiendo con la mirada a algo o alguien que no se ve. ¿Qué onda? Los veterinarios repiten que se debe a que los bichos captan más ruidos y olores que los humanos. Pero nada va a convencer a Facundo de que es tan simple. “Desde que era chico –tengo dieciséis–veo sombras cuando me quedo solo. Generalmente estoy en mi pieza y noto que de golpe el perro se pone intranquilo. Entonces lo sigo para ver qué quiere y ahí veo que se dibuja un contorno en el reflejo de la ventana. La solución es poner los parlantes de la computadora al máximo e irme afuera un rato, a ver si lo que sea que está ahí se va.” El flaco recalca que es uno del montón: “No pertenezco a ninguna tribu que pudieras asociar con esos intereses, soy un chabón cualquiera”.

Obviamente, “cosas raras” pasan en todas partes. En el interior del país, más todavía. Ahora estamos en Mercedes, provincia de Corrientes, tomando mate en un taxi. Es una mañana con rocío, hace exactamente un año. La ruta tiene una capa de niebla que no llega a ser molesta porque el paro rural impide la circulación de los camiones, y por lo tanto el tráfico sigue siendo escaso. Vamos en dirección al cementerio de la ciudad porque la noche anterior se ha incendiado la tumba de Ramoncito, un niño que fue sacrificado en un crimen ritual que –se sospecha–fue financiado por varios peces gordos de la zona.

–¿Qué pasó? –tantea el periodista al llegar al camposanto–. ¿Quemaron la tumba de Ramoncito?

–No. Se prendió fuego sola… –responde Ramón “Patrón” Duarte, el sepulturero.

–¿Sola? ¿Está seguro? ¿Quién cuida acá después de las diez?

–Nadie, gurí. No quieren agarrar el puesto. Tienen miedo.

El aire hace remolinos por los mausoleos. Patrón Duarte mide casi dos metros y tiene once hijos. Cuando entra en confianza, jura que a veces, al atardecer, ve llamas dispersándose entre las lápidas. “No hace mucho –se transporta–caminaba yo por acá. En eso empecé a sentir discusiones a la altura del suelo. Me quedé congelado. Hasta que escuché un grito de ahí abajo y rajé.” Divertido, abre grande su bocaza. La cierra de golpe y remata serio: “No, yo ya no vengo si no hay luz”.

La tumba de Ramoncito es un montículo insulso, salvo por la negrura que le ha dado el fuego. Tiene un par de flores de plástico derretidas. Alrededor, cactus y silencio. Esta vez los espíritus no dicen nada.

¡El NO chatea con el más allá!

Ojo, tampoco hay que dejarse mambear. Si hay una hipótesis lógica, mejor usar ésa. Ejemplo: vas a revisar los mails y ves que recibiste uno de Fulano, un viejo amigo que te saluda después de mucho tiempo. Todo joya, excepto que Fulano se murió hace seis meses. A no alarmarse. Hay compañías que te cobran unos mangos por enviar, desde tu casilla y una vez que hayas pasado a mejor vida, los correos que vos redactes, de forma que puedas seguir presente en la cotidianidad de tus amigos (o enemigos). En www.deathswitch.comse ofrece “un servicio automático que le pedirá periódicamente que confirme estar vivo. De no hacerlo, el sistema deduce que usted ha fallecido, y los mensajes preparados para esa ocasión serán enviados a quien desee”. O sea que lo que parece obra de Mandinga suele ser nada más que un negocio. Atenti.

Y ya que estamos con Mandinga: siete días después de arrancar con la pesquisa, Irene, la chica del boliche dark, cumple su promesa y toca el portero. “¿Todo listo?”, saluda, antes de pasar al cuchitril de este cronista. Completa el trío Angel, un colega súper racional que no logra disimular la inquietud. Por suerte Irene tiene unas gambas capaces de hacer que Víctor Sueiro decida pegar la vuelta, así que la turbación tiende a ser reemplazada por otros impulsos. La mina abre su bolso y saca una copita, un cartón con letras, velas y sahumerios. Allá vamos.

Arriba de la cama está El gran libro de la Ouija, un engendro que publicó la editorial El Arca de Papel en 2001. Lo que se insinúa en la página 54 da escalofríos. “Hay veces –se ataja Bruno Betz, el presunto autor– en que Satanás se camufla como espíritu bueno. Si esto ocurre hay soluciones: hay que soplar el vaso tratando de llenarlo de aire; o romperlo. Y si esto tampoco funciona, lo más aconsejable es intentar salir lo más rápidamente posible de la habitación.” ¡Mi habitación!

El detalle es que el departamento es un monoambiente. Si aparece el diablo, ¿habrá que irse a dormir a la vereda? Por precaución, el equipo ha colocado un dream team santero arriba de la mesa. Está la medalla de San Benito –”poderosa arma de exorcismo”, según una tía–; un San La Muerte de hueso y una estampita de San Roque de ésas que te encajan en el subte. Los improvisados “médiums” se ubican en ronda, borroneados por el humo de los sahumerios. No vuela una mosca. Los dedos sobre el cristal. Ojos cerrados. Concentración. Primero se siente como si el objeto palpitara, y a continuación ese latido se convierte en un trazado circular.

–¿Hay alguien ahí?

–Sí –contesta la copa.

–¿Te podemos hacer una entrevista?

–Sí.

–¿Cómo te llamás?

–C-e-f-i-p.

Los participantes se miran. Más que el nombre de un espíritu, parece el de una dependencia del Gobierno. Igual Cefip se sigue desplazando, por lo que el chat no se detiene.

–No te entendemos ¿Nos podés repetir?

–G-u-e-m-e-s.

“Che, esto es cualquiera”, desliza Angel por lo bajo. “Shh… ¡respeto!”, retruca Irene, re convencida.

–Gracias. Contános, Güemes: ¿se puede acceder a los diarios ahí donde estás?

–Sí.

–¿Y vos qué leés?

Creer o reventar, la copita va directo al sector de la tabla donde está marcado el NO. La pucha, este suplemento llega cada vez a más generaciones. Lástima que el resto de las sílabas que articula “la presencia” sean un bolazo. O es puro chamuyo, o hace falta que colabore en la sesión un entendido posta. Al rato Irene –que en el fondo es una comunista con crisis de identidad– se larga a consultarle al finadito acerca de sus dudas existenciales. Pero cuando le pregunta: “¿vos pensás que soy peronista?”, la tentación explota en carcajada generalizada. Y la copa –o lo que haya sido– no se mueve más (esperemos).

* Más info: Instituto de Psicología Paranormal:www.alipsi.com.ar. Asociación Argentina de Lucha contra las pseudo ciencias:www.asalup.net

El tango involucra a todos los ritmos nacionales, incluido el rock

“El tango involucra a todos los ritmos nacionales, incluido el rock”

¿Cómo fue que un integrante de Los Abuelos de la Nada, fundador de Los Twist y Lions in Love y músico de la banda de Charly García se convirtió en un referente tanguero que triunfa en el mundo? En esta nota, Daniel Melingo desentraña las razones de su cambio de rumbo, que al principio fue visto como un chiste y que ahora se aprecia en toda su dimensión. Además, un repaso por la nueva guardia tanguera que le saca brillo al género.

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 Por Cristian Vitale

– ¿Sos un reformador del tango, un revolucionario o un defensor de la tradición?

–Un mirador de lo que se vive hacia mi inconsciente. Es una cerradura que estoy limpiando, algo que compartimos todos los que nacimos en Buenos Aires: hay un punto común de unión en el inconsciente de nuestro acervo espiritual. Hay un montón de data que nosotros, de alguna manera, negamos por tenerla tan cerca. Lo veo así: hago una apertura del inconsciente a la hora de bajar la data que me viene, y la respeto a rajatabla.

Ahora, mientras ensaya su propia radiografía tanguera, Daniel Melingo –ex integrante de Los Abuelos de la Nada, Los Twist y Lions in Love– tiene el pelo suelto. Unos rulos amarillos y canosos, miti y miti, que a veces oculta bajo la sombra de un sombrero negro. Pero en la tapa del disco está camuflado: efecto mojado y raya al costado. ¿Se habrá puesto la vintage gomina Glostora? “No”, sonríe. “Jabón y grasa: la Glostora vino después.” Puede hacerse una filosofía de la estética con ese detalle. Hay una frase que, entre tan pocas, comanda el pulso del Melingo tanguero que explotó hacia fines de los ‘90, y nunca volvió: la modernidad está en los orígenes. Se la acuñó a un viejo prócer blanco de la cultura negra que, hace mil años, se fue a Francia y nunca volvió: Juan Carlos Cáceres, historiador, músico y gran entendedor de los orígenes afro del tango. “Me cuelgo a escucharlo. Es una clase total estar en un bar de París, escuchando al troesma… Además, a veces tocamos juntos. Ahí va, ¿viste? La modernidad está en los orígenes. Es lo que acabo de decir, con otras palabras.”

–¿Te contó Cáceres que en París hay una estación de subte que se llama Vuelta de Obligado? El tipo se queja porque a los argentinos del poder nunca se les ocurrió…

–¿Posta? Yo qué sé, hay tantas que se me habrá pasado rápido.

Pero París no se le pasó rápido. Desde que Melingo abrazó el tango es la ciudad que mejor lo abriga, ya que el sello Mañana descubrió su voz como un puente directo entre París y Buenos Aires. Esa compañía piloteada por Eduardo Makaroff editó Santa Milonga (2004) y el reciente Maldito tango (que acaba de salir aquí) después del entre solitario que había iniciado con Tangos bajos (1998) y Ufa! (2000). Hace cinco años que el ex Abuelos vive a poco de la Torre Eiffel. “Uso París como ombligo del resto del mundo”, dice.

–¿Y cómo se recibe el lunfardo en esos confines?

–Tenemos que pensar que París siempre fue un gran palenque para el tango y para el jazz… Un bastión que les dio forma a ambos géneros. A partir de París y lo que pasó con Gardel allá, nosotros empezamos a mirarnos para adentro. El argot de ellos y el nuestro son parecidos… Y lo que no terminan de entender, lo estudian y saben de qué estás hablando, por la gestualidad o el histrionismo que uno mete como intérprete. Igual, me siento comunicado hasta con los dinamarqueses. Hay un juego de histrión importante en la performance.

Melingo le mete un giro al argot lunfardo con el que comunica ideas, conceptos y descripciones varias: el “meta” norteño. Lo utiliza para pedir preguntas, incorporar en alguna canción o aceptar un mate amargo, da igual. La voz, como cuando canta, parece un arenero sonoro. Raspa. Es filosa. Le hace un tajo al aire. Es una traspolación exacta de sus temas. Así es Maldito tango, un disco de once canciones y dos bonus. Algunas puramente suyas (Julepe en la tierra, Eco il Mondo), otras con Luis Alposta, que le robó a las últimas estelas de la vieja guardia (En un bondi color humo, A lo Magdalena, Se igual) y un resto que, con música suya, revivió la pluma de viejos poetas: Carlos de la Púa, Dante Linyera, Enrique Cadícamo, Celedonio Flores. “El disco tiene mi giro estético. Creo que donde marco la diferencia es en la instrumentación. Ojo, no recurro a recursos ajenos al tango: tanto el trombón, el clarinete, la sierra y el serrucho son instrumentos usados en el género en diferentes épocas. Lo que hago es licuarlos de acuerdo con mis conocimientos y doy rienda libre a mi manera estética.”

Una cosmovisión que mezcla tristezas miserables, fulerías, pungas en paco, nenas abandonadas en el mercado del Abasto e historias de suburbio, donde Skay Beilinson, Javier Casalla, Vicentico y el Pity Alvarez también hacen de las suyas. “Maldito tango parece un insulto, pero no es así”, aclara el ¿ex? rockero. “Es un homenaje a los poetas malditos, que son los poetas del lunfardo. Estoy a la altura de las circunstancias, aunque sin compararme con los grandes maestros. Mi afán es un poco desenmascarar toda la poesía del tango, que nos sigue representando en muchas partes del mundo.”

–¿Por qué estás en Buenos Aires, ahora?

–Porque tengo ganas de reencontrarme con mi público, y de que él se reencuentre con alguien que, en los principios, parecía que hacía del tango un chiste. Desembarco acá en un momento en el que creo que es pertinente empezar a comunicar mi laburo profesional. Llevo diez años con el tango.

–En Francia te hicieron un reportaje donde dijiste que habías llegado como un caradura para abordar el tango canción, un género que tiene próceres como Gardel, Goyeneche y Edmundo Rivero.

–Es un mote que me pongo con mucho cariño, pero sé de mi labor como continuador del tango canción; lo sé en carne propia y también por el eco que hay. Que venga un rockero adolescente y me diga “a mí no me gustaba el tango, pero ahora lo escucho y me encanta Troilo”, me hace caer los leones. Es una tarea satisfactoria concientizar al rockero o al melómano de que el lunfardo es nuestra manera de hablar que se va adaptando a las épocas.

Otro giro que lo mete en su historia personal. La primera evocación llega hasta su adolescencia en varios conservatorios y desde allí hacia un viaje revelador: Brasil. “Hice mi explosión musical de adentro para afuera; en 1978 me fui a Brasil y ahí me conecté con el hecho de pasar la teoría a la práctica. Por suerte me topé con mis ídolos: Milton Nascimento, Gismonti, Hermeto Pascoal… Conocerlos y poder tocar con ellos fue una bendición. ¡Y tenía 18 años!”

–¿Qué te echó del país esa vez?

–Razones de presión. De presión así, separado, ¿eh?

–¿Social, política?

–Social. Estaba todo mal, no había lugares para tocar, para pasar a la práctica lo que sabía. Cuando volví, tres años después, de la mano de Miguel Zavaleta conocí a Miguel Abuelo y formamos el Miguel Abuelo Trío, y toda la historia que conocemos. Pero esa previa fue muy importante para mí: ser, de alguna manera, un músico que estudió electrónica de vanguardia en los años ‘70, poder hacer un reciclaje y una reinterpretación de lo que para mí es la música.

Lo que sabemos todos es que Melingo, cuando llegó de Brasil, se integró como guitarrista a la segunda formación de Los Abuelos de la Nada. Que grabó en el primer disco (homónimo) y en Vasos y besos, y después se fue para fundar Los Twist con Pipo Cipolatti. Que tocó en la banda con que Charly García presentó Yendo de la cama al living y que les produjo Bares y fondas a Los Cadillacs. Y que se fue a Europa. “Miguel fue el que más se apenó cuando me fui de Los Abuelos, justo cuando se volcaron al mainstream… La época de Himno de mi corazón”, evoca. Era 1985 y volvió recién nueve años después. Esa historia no la conocemos todos, al menos en profundidad. Fue la época en que formó Lions in Love, una agrupación que solía tocar con Héroes del Silencio y Mano Negra. Sigue él: “Nos ubicaban como teloneros, pero el margen del público de los Lions, en 1989 en España, era de culto: 500 personas como máximo”. Melingo, entonces, vivió en Amsterdam, París, Ibiza y Madrid, donde hizo casi toda la carrera con los Lions, más otras bandas: Fangoria y Toreros Muertos, entre ellas. “Además de tocar, trabajé bastante como productor artístico de grupos mexicanos. Mi labor prácticamente era en estudios de grabación.”

–¿Cuándo te empezó a interesar el tango canción?

–Cuando Fernando Samalea escuchó los tangos que cantaba yo y me dijo: “Hay que grabarlos”. Era 1996 y eran temas que yo había propuesto y que a veces cantaba… Fueron los que incluí en Tangos bajos. Me di cuenta de que tenía mucha repercusión a través del boca en boca, todo el mundo hablaba de ese disco. En ese momento me metí a aprender a ser un frontman… Nunca lo había hecho. Y no sólo aprender eso sino también a cantar tangos. Entonces me metí a estudiar canto lírico, porque tiene una similitud con el género en la manera de desplegar los acordes, en la técnica del tango.

–¿Ese tener que aprender a cantar implicó también tener que desatormentarse de prejuicios?

–No… La tormenta de los prejuicios existe, por suerte, hasta el día que te morís (se ríe). Creo que es una labor sobre la marcha… Estudio lo que necesito aprender, de la mano también de Luis Alposta, vicepresidente de la Academia Nacional del Lunfardo y coequiper mío. El doctor Alposta es un grosso que les escribió letras a Edmundo Rivero, a Osvaldo Pugliese, a Rosita Quiroga y demás. Por eso digo que me siento adentro del tango, porque tal compañía lo legitima… Nos juntamos de manera cómplice. Es que Luis es un bizarro del tango, un outsider… Es discípulo de Cadícamo y vendría a ser como el pendejo de la vieja guardia del tango. Para mí es muy importante eso, di justo con él. Juntos descubrimos la obra inédita de Andrés Cepeda, el primer letrista de Carlos Gardel; también el primer tango carcelario que es pre lunfardo, atenti: es la poesía romántica que se hacía en las cárceles.

–Se percibe que en tu paso del tango al rock no hay un corte. Y va más allá de que le hayas puesto Los Ramones del Tango a tu banda… ¿Es así?

–No de cara hacia fuera, pero lo que yo intenté, de cara adentro, fue no cortarla con el rock tajantemente. Tomé el deber de comunicar lo que para mí es el tango, que es literalmente la manera en que lo siento yo. El tango y el rock son caminos separados que podés linkear vos, a tu manera. Es un proceso personal.

–¿Qué te dio el tango?

–Recuperar el recuerdo de las melodías que silbaba mi abuela en Parque Patricios, o mi conocimiento de algo que en la década del ‘70 yo veía y escuchaba con repeluz. Fue una vuelta a las fuentes, después de atravesar veinte años del rock. Otra cosa: el rock no provocó la decadencia del tango. Es algo que vengo reflexionando hace tiempo: ¿cuál es entre el tango y el rock, loco? El tango involucra a todos los ritmos nacionales, incluido el rock.

–¿Cómo te salen las letras? El tango, en tanto género, tiene una lírica que uno a veces piensa universal, hasta atemporal, pero otras se percibe anacrónica.

–No pienso las letras, simplemente me salen. Las temáticas me tocan el fuero íntimo o no me lo tocan, pero no me preguntes por qué.

–¿Entran por el ojo, el corazón o el oído?

–Por el corazón y por el inconsciente. Dejo desembuchar el inconsciente, algo a lo que los mortales le tenemos miedo. Creo que es el mejor trabajo que se puede hacer: sacar lo que está dentro, que es lo más difícil. Lo que menos hay que hacer es pensar.

DOSPORCUATRO DOSPUNTOCERO

Nuevos valores del tango

34 Puñaladas

Tres guitarras y un cantor. Tipos con cara de buenos haciendo tangos carcelarios en lunfardo básico. Diez años por esta vía, recorriendo los mismos caminos oscuros que aquellos malos “de en serio” tejían en las celdas de los ‘20: drogas pesadas, putas y hombres de fajas tomar conforman la cosmovisión explícita desde el nombre. Tres discos: Tangos carcelarios, Slang y Argot, que los llevó al Festival Le Suds à Arlès, de Francia y, de ahí, al mundo.

Orquesta Típica Fernández Fierro

Tras el histrionismo y el carisma de un frontman por excelencia (Walter “Chino” Laborde) emerge una orquesta típica rabiosa y colosal. Gente del tango con alma rockera –o al revés–, sin artificios ni electrónica aplicada: tango explosivo, detonador. Tienen un club a disposición (el Club Atlético Fernández Fierro, en el Abasto) y cuatro discos más calientes que cabezones: Envasado en origen (2002), Destrucción masiva (2003), Vivo en Europa (2004) y Mucha mierda (2006).

Las del Abasto

Carisma e histrionismo, pero con cara de mujer: Stella Díaz, pura expresividad, va al frente como una Tita Merello del nuevo milenio apoyada en una orquesta de señoritas, cuyo sonido sólido no le escapa al ABC del género, y cuyos arreglos tampoco. Casi diez años de ruta, casi lo mismo de milongas, valses y tangos.

Carla Pugliese

La rebelde del clan. A Carla le gustan la cumbia villera, Pink Floyd y Led Zeppelin, pero toca el piano y te mata. Y además compone con la sangre de su abuelo, el gran Osvaldo. Tiene 31 años, pinta de rea rockera, belleza natural y una llaga en el alma: la muerte prematura de su hermano Osvaldito. A él le dedicó su disco debut, Ojos verdes cerrados, una cruzada tango-electrónica que profundizó en Eléctrica y porteña, casi todo de su autoría, a base de guitarras eléctricas, bombos legüeros, secuenciadores analógicos, baterías y un batallón de sintetizadores.

Dema y su Orquesta Petitera

Dema no es una mina sino un personaje ficticio que estos forajidos inventaron para reírse de sí mismos y del tango. Es, según acuerdo generalizado, la banda más divertida del tango moderno: insolente, cínica, satírica y hasta medio pelotuda (con onda, che). ¡Hasta le compusieron un tema a las tortugas del guitarrista!

China Cruel

Otra orquesta de señoritas. Verónica Bellini, ex pianista de Las del Abasto, emigró de allí y armó un quinteto con dos más de ellas (María Laura Santomil, guitarra y Paula Liffschitz, bandoneón), más Carolina Cajal en contrabajo y Valeria Collante en violín. Milongas y tangos tradicionales se mezclan con riesgos nuevos –bien aéreos– y un perfume de mujer digno de novela a la Patrick Suskind. El muñequito verde las pone en vereda del presente: es la historia de un desengaño… ¡por chat!

La Quimera del Tango

Gente del rock (o cuasi) metamorfoseada. Rodrigo Guerra (Pequeña Orquesta Reincidentes) + Santiago Fernández (Me Darás Mil Hijos) + Gonzalo Santos (Satélite Kingston). Un típico trío de guitarras (sin bemoles) más letras con sorna e instrumentos que traen en las alforjas: serruchos, cavaquinho, arco y banjo.

Altertango

Tango con olor a vino por mareado, pero también por mendocino. Elbi Olalla (pianista) y Victoria Di Raimondo (cantante) forman un dúo de tango en la tierra de la tonada y le incorporan, a su manera, jazz, rock y electrónica. Sumaron varones, ideas y una base power, lo que resultó en una de las opciones más atractivas del género, sobre todo a partir de edición de Tormenta, el tercer disco.

Orquesta El Arranque

Eran muy jóvenes cuando se juntaron, en 1996. Siguen siéndolo, pero con pergaminos: mimados por Wynton Marsalis, que los presentó en el Lincoln Center –donde Ramiro Gallo, violinista, presentó su Suite Borgeana– y largamente festejados en ciertos festivales del globo por, precisamente, ser jóvenes que se resisten a serlo por rótulo nomás. Los japoneses quedaron chinos cuando los vieron por primera vez.

 

Bersuit volvió al Luna

Por: Txt. Nacho Girón

http://www.si.clarin.com/2009/04/11/conciertos/01895807.html

Lo visitaron por primera vez en 2004 y les gustó: terminaron haciendo diez funciones casi sin respiro. Volvieron al año siguiente y redoblaron la apuesta: le pegaron sin pausa desde el 16 de junio al 2 de julio. Regresaron una vez más. Y otra. Y otra. Bajo el lema Luna llena en el Luna y con entradas agotadas, este sábado Bersuit Vergarabat reafirmó su idilio con el estadio de la calle Corrientes.

Acompañados por un escenario decorado con cajas de luz (“un intento por consumir menos energía”, explicaron), la banda arrancó con un set acústico que fue subiendo de tono progresivamente y que pasados los primeros treinta minutos ya se había convertido en la conocidísima y repetida máquina bersuitera. ¿El tema más viejo? Tuyú. Para redondear una lista de treinta canciones (cinco de su último disco, “?”), Cordera y compañía se despidieron con el coreado tándem de “Murguita del sur” y “Un pacto”. Se cerraba así un show afilado y enérgico, pero sin ninguna sorpresa. Nada fuera de lo común. La próxima cita será el 9 de mayo. ¿El lugar? Claro, el Luna Park.

DESTACADO: Sin solistas
El tecladista Juan Subirá ya lanzó su primer disco solista. Lo sigue Cordera, que edita en mayo. Y hacen cola los guitarristas Alberto Verenzuela y Oscar Righi. Sin embargo, y pese a la expectativa del público, nada se escuchó de estos materiales.

Power folklore

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-3975-2009-04-06.html

Por Cristian Vitale

Si a Semilla y Arbolito les corresponde el mérito de haber reabierto una vieja causa estética (el folk-rock a la criolla patentado por Arco Iris en los ‘70) y sugerir un camino que parecía naufragar, a estas bandas –y a otras como Doña María, Vinales, Diablosanto y Río– les cabe apuntalar la señal: la Era del Folklore-Rock está, permanece, se retroalimenta y genera. Este viernes en Niceto, y precisamente motorizada por Semilla, habrá otra vez Peña Eléctrica. “Bombo legüero y distorsión; loops y bagualas; zap-hip-hopeo y chaca-pogo; psicodelia y carnavalitos; sonido de raíz y asfalto bajo las suelas. Tribus criollas y urbanas en un espacio experimental, festivo y telúrico. Origen y futuro de una identidad en transformación”, así la definen. Una de las bandas, Santadiabla, es nuevita y la fundó alguien que trae el pulso del encuentro en la sangre: Micaela Farías Gómez. “Nuevos aires, nuevas músicas con el peso de la tierra, del folklore; pero con los colores del mundo de hoy, de nuestro presente tan veloz: asfalto y el monte, zambo y blanco se han reunido… El cielo es nuestro límite”, dice la cantante. Otra, Imperio Diablo, es una orquesta de nueve músicos que toma el folklore andino como punto de partida para luego licuarlo con hip-hop, reggae y dancehall. Y a la mezcla le llaman ¡beat villa! “Para nosotros, esta peña es la casa donde podemos desplegar nuestra apuesta a renovar el folklore andino y compartirlo con grupos que están en la misma búsqueda. Formar parte de esta propuesta es estar al frente de un suceso que está ocurriendo en todo el mundo. Aún en el posmodernismo se puede ser el primero en algo”, comentan.

Además de la presentación de las bandas, la Peña –ya convertida en clásico– dispondrá de un arsenal de propuestas acorde con los tiempos de hoy: DJs, VJs, performances, audiovisuales y baile con luz tenue. Retoma Mica: “Es un espacio que reúne a muchos artistas que no creemos en los límites a la hora de crear, no creemos que el folklore y el rock u otras expresiones sean opuestos. Somos jóvenes que hemos convivido con el folklore o lo hemos elegido porque nos gusta. Hay una gran búsqueda que se da naturalmente, sin pensarla, sin programarla. Acontece”. Y engancha Leonardo Martinelli, de Tremor: “De alguna forma esta peña apoya una escena de artistas que, aunque poseen estéticas distintas, comparten una misma mirada sobre el folklore y la búsqueda de una identidad que rescate y se apropie de los diversos elementos de la tradición desde el presente”. La grilla se completa con Vislumbre del Esteko –indudables émulos de Jacinto Piedra y sus Estelas– y, por supuesto, los anfitriones: Semilla y su chacarera power empecinada en desacartonar cerebros anquilosados. Esa es la idea.

* La Peña Eléctrica será mañana a partir de las 21 en Niceto.

El ritual no se mancha

QUILMES ROCK 2009

El ritual no se mancha

Con una puesta austera y sin invitados, Los Piojos tuvieron su gran noche en el Quilmes Rock. Los antecedió Divididos, con una performance a la altura de su leyenda.

Por: José Bellas

http://www.si.clarin.com/2009/04/05/conciertos/01891878.html

En la semana que los argentinos despedimos al ex presidente Raúl Alfonsín y fuimos testigos del primer y abultado traspié de Maradona como técnico de la Selección, Los Piojos no fueron ajenos a los acontecimientos. Porque convocaron la misma cantidad de gente que pasó por el Congreso de la Nación para darle el último adiós al ex mandatario: 60 mil personas. Y porque promediando el show de anoche, mientras un par de botines se colgaban al pie del micrófono, Andrés Ciro dijo: “Un tropezón no es caída…y él lo sabe mejor que nadie”. A continuación, el recitado de Maradó tuvo eco en 60 mil voces, en lo que pareció un acto proselitista de apoyo al 10, antes que la guitarra de Tavo arrancara el excitante riff de tango-core que caracteriza al tema. El otro gran homenaje ocurrió hacia el fin del show. Ciro paró en seco el hit Pacífico (hubo muchos temas de Civilización), para hacer la dedicatoria “a los héroes de Malvinas”, pasando a hacer su clásica interpretación del Himno en armónica. Y armónica fue la noche, en tanto el silencio de la banda acompañó al cantito “y Tavo no se va”, haciéndose eco de los rumores desmentidos desde el seno de la banda, que ya tiene un nuevo ritual anunciado para el 14/5 en el Club Ciudad.

Jueves al salon

Todos los jueves desde la medianoche en el Salon Pueyrredon, fiesta JUEVES AL SALON. Lo mejor del punk-rock en las bandejas de los DJs Seen Cadena y P.C. Ramone.

JUEVES AL SALON

Dj Seen Cadena Vs Dj P.C.Ramone
Todos los Jueves a partir de la Medianoche.
SALON PUEYRREDON-Av Santa Fe 4560.

Entrada gratis por lista hasta 3 am escribiendo a juevesalsalon@gmail.com, con el asunto GRATAROLA.
Pongan su nombre completo.(No mas de 3 x mail)
La lista cierra el mismo jueves a las 22hs.

Volvieron los payasos

http://www.si.clarin.com/2009/04/06/conciertos/01892553.html

ANTE 50.000 PERSONAS

Kiss nos volvió a besar

La banda neoyorkina liderada por Paul Stanley y Gene Simmons cerró el Quilmes Rock 2009 en el marco de la gira latinoamericana Kiss Alive 35.

 

A diez años desde la última visita de Kiss, Paul Stanley, Gene Simmons y los muletos Tom Thayer y Eric Singer –en reemplazo de Ace Frehley y Peter Criss- volvieron a pisar el fastuoso escenario en River para cerrar el Quilmes Rock 2009. Segundos antes de las 22 se plantaron detrás de la media sombra frente a un público con pocos melenudos, muchos pelados, y cantidad de niños y adolescentes. Primero fue el rictus del locutor anunciando: “You want the best, you’ve got the best: the hottest band in the World: Kiss”. Luego del riff introductorio de Deuce (Kiss, 1972), la tela negra cayó y la banda de glam rock más caliente comenzó su show.

Aunque por momentos le faltó volumen a la primera guitarrra, el sonido fue potentísimo, consistente, acaso gracias a la prolijidad y contundencia de Eric Singer. El show, de 20 canciones al cabo de dos horas, estuvo basado en el Kiss Alive 1, de 1975, que abarca los tres primeros discos de la banda (Kiss, Hotter Then Hell y Dressed To Kill). Kiss Alive 35 –tal el nombre de la gira conmemoratoria de los 35 años de la banda- fue un revival de Kiss Alive I, más cinco bises.

Como siempre, Gene hizo de dragón, Thayer tocó su extenso solo (a tiro limpio con su viola escopeta) tras la pesadita She y el pulpo-aplanadora Eric Singer se lució a puro golpe en 100.000 Years. Paul Stanley, como es su costumbre, volvió a mostrar sus dotes de maestro de ceremonia (“No hablo español muy bien, pero comprendo sus sentimientos y mi corazón es suyo”), y también su veta cómica interpretando ridículamente Guantanamera, más una breve imitación de Robert Plant en Escalera al Cielo. Rock And Roll All Nite cerró esa primera parte del show, con un marco impresionante de papel picado sobre el público, fuegos de artificio, explosiones y pirotécnias varias.

Tras este himno, los cuatro enmascarados encararon por el pasillo a saludar y agradecer. La gente esperaba, a lo sumo, un par de bises, pero no: hubo cinco. Largaron con Shout It Out Loud y Lick It Up, luego vino el infaltable escupitajo sanguinolento de Simmons (con accidente incluido, al vampiro se le trabó el dispositivo y no pudo volar). El que sí voló fue Paul colgado de un arnés a lo largo del campo hasta la torre de sonido para interpretar Love Gun. Después vino I Was Made For Loving You y el final con Detroit Rock City. El escenario se apagó del todo, pero por un rato el cielo de River a medianoche hizo parecer que empezaba 2010.

Peter Parker se busca

http://www.si.clarin.com/2009/04/06/artistas/01892567.html

La gacetilla de Broadway anunció que harán un casting abierto en las principales ciudades de los Estados Unidos. Es para el musical de Spiderman, que se estrena en 2010.

Bono y The Edge pusieron la música para Spiderman: Turn Off The Dark. Y así condicionaron a los productores. Porque con semejante música no pueden pifiarle en los intérpretes. Por eso decidieron hacer una serie de castings abiertos a todo el público en distintas ciudades de los Estados Unidos. El primer llamado es para este jueves 9 de abril, en Orlando. Los cantantes que se buscan son para hacer de Peter Parker, Mary Jane y una villana femenina. Y  se espera que los aspirantes “tengan una voz versátil dedicada al rock/pop; con experiencia como solistas o en grupos o sin experiencia alguna”.

Después de Orlando, las citas son en Los Angeles, Nueva York, Seattle, Chicago y Austin. El musical se estrenará en Broadway el 18 de febrero de 2010.