WordPress database error: [Table 'muypunk_blogpunk.wp_tags' doesn't exist]
SELECT DISTINCT t.tag FROM wp_tags t INNER JOIN wp_post2tag p2t ON p2t.tag_id = t.tag_id INNER JOIN wp_posts p ON p2t.post_id = p.ID AND p.ID=379 ORDER BY t.tag ASC
http://www.si.clarin.com/2009/04/17/home/01899513.html
Esperando que llegue su tren
El cantante sale de gira con su nuevo disco y reflexiona sobre el público, la industria y la tarea de componer. Después de varias dificultades, “The Boss” cuenta cómo cayó bien parado.
Por: Geoff Boucher
Hay montones de fantasmas en este lugar”, dice Bruce Springsteen taconeando con sus botas sobre una vieja escalera de la Sala de Convenciones de Asbury Park. En ese lugar fue justamente donde, de adolescente, vio a Jim Morrison yendo de un lado a otro en el escenario y a Keith Moon haciendo retumbar la batería para The Who. También fue en esos corredores donde se cruzó con una chica alocada llamada Janis Joplin. “Nuestros codos estuvieron así de cerca”, dice Springsteen, sin poder creer todavía que un chico de Jersey estuviera a tan poca distancia de la historia del rock.
En septiembre cumplirá 60 años, y lo hará en plena gira con la E Street Band como soporte de su último álbum, Working On A Dream. Al cantante no le basta con ser un artista esencial, también quiere ser urgente. Se burla de la idea de “herencia” o “legado”, la jerga para las bandas envejecidas que hacen giras sólo con antiguos hits. “Dormidos en sus laureles, dormidos en su. legado”, dice con una sonrisa torcida. “¡Estoy sentado en mi legado!”.
El eternamente joven Springsteen sintió palpitar nuevas razones para creer después de ver la elección de Barack Obama. “El país que todos habíamos imaginado en el trabajo, la clase de lugar donde queremos que crezcan nuestros hijos, mostró su rostro esa noche de la elección”, dijo. “No sabía si vería alguna vez su rostro. No sabía que lo teníamos en nosotros, para ser sincero. Al día siguiente toda mi música fue más verdadera que la víspera. Eso fue grandioso para mí”. El cantante quiere confirmarse como una fuerza del bien pero a la vez amplificar su música, llegando a la mayor cantidad de público posible. Y, en persona, parece extrañamente tímido y tiene una risa boba. Es enérgico en lo que se refiere al control de calidad, pero los ensayos de su grupo desbordan de bromas de viejos amigos.
No hay duda de que Springsteen es un hombre serio en una época irónica, un evangelista del rock de la era del vinilo. Es un magnate que canta canciones de protesta en medio de una calamidad económica. Y es perfectamente consciente de esas tensiones; incluso canta: “Es un final triste gracioso verte fingiendo/hombre rico con camisa de pobre” (Better Days). Sin embargo, para Springsteen, la misión se vuelve clara cuando está de gira.
“Nuestra música, nuestras canciones, tienen una amargura ambigua. Casi todos nos dicen lo mismo: que les ayudan a pasar los tramos difíciles de su vida. Somos una banda buena para ver cuando las cosas no andan tan bien. Por eso seguimos”.
Todo esto podrá, quizá, conmover o desatar críticas, pero es innegable la fuerza de esta banda cuando Bruce Springsteen toca con el océano a su espalda y Jersey a sus pies. El cantante está vestido con jeans azules, remera gris oscuro y chaqueta negra y sale a saludar a una multitud de 1.990 personas. El público brama expresándole su amor. Después, abre con el épico Outlaw Pete (del nuevo álbum, no muy bien recibido por los críticos). Es que Working On A Dream tiene múltiples niveles y está recargado con flashes que recuerdan a Roy Orbison, Phil Spector y los Byrds, o sea que no sorprende que nadie lo compare con Darkness on the Edge of Town, el clásico de 1978 que tenía un espíritu oscuro de aserradero.
“Cuando salió Darkness montones de fans no lo recibieron bien al principio”, recuerda Springsteen, sentado en su camarín antes del primer concierto en Asbury Park. “Fue un disco que la gente necesitaba escuchar en vivo. Salimos y tocamos. Y esa música a lo largo de los años pasó a ser de las más perdurables. Los versos eran tristes y los coros eran gospel. Puede ubicarse cerca de Nebraska (el álbum acústico de 1982) y de Magic (de 2007)”.
El camarín está repleto. Frente al cantante, sobre la mesa, están la lista del programa de la noche, los anteojos de leer y un marcador. “A medida que me voy volviendo más viejo escribir se vuelve más fluido y me impongo menos reglas. Lo que yo edite en este momento no importa; cada uno tiene en mente el disco particular de Bruce Springsteen que está esperando. Y piensan que debería hablar de determinada cosa o sonar de determinada manera. Lo bueno es que tengo los oídos abiertos a las voces del público. Pero, al mismo tiempo, no tiendo a quedarme sentado con una idea de afuera. Mucho es escuchar lo que viene. Una semana en el huerto crecen las papas; la otra semana, los tomates”.
Se inclina para atrás y se ríe. Los escépticos que creen que el ídolo se toma demasiado en serio se sorprenderían al oírlo reír estruendosamente: “¡Si brotan las papas, las cosecho!”.
La E Street Band, reunida ya desde hace una década después de las excursiones de Springsteen como solista en los años ‘90, terminó la gira Magic el año pasado y ya volvió para una salida que puede llegar a totalizar setenta shows. El tecladista Danny Federici, uno de los miembros fundadores, murió hace un año después de batallar contra un melanoma (Working on a Dream está dedicado a él). Clarence Clemons, el saxofonista, sube y baja con bastón el escenario del Asbury Park después de un reemplazo doble de rodilla y al guitarrista Nils Lofgren lo operaron de las dos caderas el año pasado.
Springsteen, padre de tres hijos de entre 15 y 18 años, se sobresalta ante la mención de las palabras “gira de despedida” y da a entender claramente que ni él ni su esposa, la cantante de E Street Patti Scialfa, van a cambiar en lo inmediato su vida de giras por su rancho de caballos en Monmouth County. Ya tiene canciones escritas para el próximo álbum y está simplemente esperando “la oportunidad de grabar”.
Para esta gira, junto a la banda habrá una gran pantalla de video con una imagen de vías de ferrocarril en la que una locomotora parece abalanzarse hacia el equipo de la batería. Springsteen se ríe de nuevo.
“Patti me dijo que después de los 50 tenía algo especial, que la gente está muy concentrada y ocupada, y que quizá se deba a que un tren avanza contra la mente”, dice: “Es posible que haya en mí algún elemento así en este momento. Oigo un silbato a lo lejos en alguna parte: mejor que me ponga a escribir”.
Traducción: Cristina Sardoy