ARTE QUEER EN EL COLEGIO

¡Gay School Musical!

El Nacional Buenos Aires fue sede de un festival gay. Militancia homo en la secundaria y bochazo a los prejuicios.

 http://www.si.clarin.com/2008/11/21/home/01806966.html

Soy puto y soy feliz”: pintado a mano, el afiche recibe al alumno del Nacional Buenos Aires. Entre los muros gruesos y consistentes, antes de llegar a la escalera que para el de primero se verá como de un millón de peldaños, el pizarrón declara esta “semana queer” en el Colegio y, aun con la retórica imperativa de un preceptor, se arenga: “¡Salí del clóset!”.

Revolución en las magnas aulas: el Buenos Aires celebra el primer Festival de Arte Queer que se hace en un secundario y, aunque un cerebrito haya agregado en el cartel la nota al pie que parodia el tono académico (“salite de la heteronormativa”), las pinturas que cuelgan de las paredes del salón del tercer piso son más profanas: le rezan a un santísimo “Patrono del chat” (chongazo rubio con un mouse como evangelio) o recrean las curvas de unos Osos Superpoderosos, con calzas de lycra y barba candado. Tema uno, tema dos: en esta Juvenilia actual donde el erotismo homo ya no se disfraza de palmaditas fraternales y en los claustros donde el cuadernillo Los seis casos de factoreo fue tortura para el estudiante mediocre, ahora circula el manual de autoayuda Salí del clóset: guía de recursos para lesbianas, gays, trans y bisexuales, patrocinado por Virginia González Gass, la mismísima rectora. “Ella fue a la Marcha del Orgullo…”, avalan Priscilla y Francisco (17), fundadores de la Comisión de Diversidad del Centro de Estudiantes: “¡Y tiene una amiga travesti!”. Julián, un egresado de treintipico, lamenta haberse criado en la década equivocada: “Los de ahora ya no necesitan salir del clóset. Nunca entraron”.

Un bebote gay posa con una remera que replica la provocación turgente de Coca Sarli (“¿qué pretende usted de mí?”), mientras las clases de tango queer estimulan el roce de las entrepiernas y las obras teatrales representan los dilemas de ellas & ellos: Tortita de manteca y Mosquita muerta. “En el Colegio, ahora la mayoría no tiene problema en mostrar su deseo: hay exploración, no represión”, resume el sociólogo Juan Péchin (31), de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, que organizó la muestra con el ex alumno Facundo García (19): “¡Este es un evento histórico! Las instituciones tienen que dar una respuesta ante cualquier actitud reaccionaria”. La artista brasileña Sílvia Pires, que viajó para la ocasión, se maravilla: “En Porto Alegre, algo como esto no sería posible y menos en un colegio”. Priscilla y Francisco coinciden, con una lógica estudiantil que subvierte un orden de divinos y populares: “Si discriminás, te ven mal”.

Aunque el tema sigue siendo conflictivo con los padres (“y con los docentes”, agrega un alumno), el colegio se convirtió en una zona de mayor libertad para los que viven una sexualidad alternativa: en la era post-discriminación, una célebre parejita lesbi del Buenos Aires se besa en los recreos y los grafitis del baño no se limitan al brulote machista: admiten un corazón con flechita que encierra el nombre de dos chicos. Si en la novela Ciencias morales, el escritor Martín Kohan resume una épica del Buenos Aires y dice que “el Colegio extiende su jurisdicción más allá de la enseñanza, imparte a sus alumnos una rigurosidad que no deben descuidar en ninguna circunstancia de sus vidas, una implacable moral que debe constituirse en el inflexible esqueleto de todos sus actos”, estos alumnos acabaron con el terror escolar y, así, quedaron libres.

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