Germán Daffunchio habla de su rol como único frontman
y dice que no hay vuelta con Sokol ni con Sumo.
Por: Silvina Marino
En una tarde calurosa y típica de noviembre, el escenario de la charla con Germán Daffunchio es un lugar común: el bar de Palermo. El líder de Las Pelotas llega con el manager histórico y, también, amigo del legendario Luca: Timmy McKern. Se sientan en mesas separadas y esperan. El cantante se queja y se ríe a la vez: odia la vida en la ciudad, los kilómetros que los separan ahora de los estudios de Hurlingham, donde ensayan para su próximo Obras (mañana), las distancias, estar lejos de la sierra. Y despotrica contra los “bichos de departamento: Buenos Aires es un lugar donde la presión es mucho más grande, Jorge Rial y todo el amarillismo está presente en los shows”. Se refiere al tiempo de introspección de su banda: desde la partida de Alejandro Sokol, no hicieron conciertos en la ciudad, excepto para el Pepsi Music antes de The Cult: “Tenemos una deuda pendiente con Capital, hace meses que no hacemos una fecha propia: queremos mostrar lo que son Las Pelotas ahora”.
Si algunos versos del tema nuevo parecen una solapada dedicatoria a la salida del otro frontman (“Viendo la sombra del atardecer reflejada en el río, queriendo ver hasta dónde llegar, queriendo ver si estás vivo”), él explica que no: “Es sencillamente una especie de rezo, un tema para escuchar a la mañana y, lo más gracioso es que es un reggae de invierno: en el video aparecemos en la nieve, lo hicimos en el Sur, en una gira”.
-Hablás de la presión de este tipo de shows, ¿en qué la sentís?
-En lo que la gente va a buscar. Alejandro se fue, entonces pueden decir: “Lo quieren imitar”. Por eso, nosotros primero queríamos hacer fuerte nuestro espíritu. Esto es una experiencia nueva para mí: no es una posición en que alguna vez soñé estar. Ser el frontman.
-Ser el único…
-Claro: es otra faceta, cantar un show completo.
-¿Cómo quedaron las cosas con Sokol?
-Bien. El está haciendo sus cosas y nosotros las nuestras
-¿Volvieron a hablarse?
-Jeje. En la vida nada es eterno, las relaciones humanas y los objetivos de vida pueden cambiar. Todo. Las bandas son como un comando y, en cada batalla, van cayendo amigos, compañeros. Hasta último momento creo que hicimos todo lo posible para hacer que Alejandro no se fuera. Pero es una decisión de él que tiene que ver con la vida personal. Ahora nos tenemos que acostumbrar a trabajar así. Lo pasado es pasado: Las Pelotas con Ale, eso fue.
-¿No hay una vuelta posible?
-No. Pero no se trata de eso, las historias son mucho más profundas.
-El año pasado hablabas de una reunión de Sumo para los veinte años de la muerte de Luca, ¿pasó algo que no se dio?
-Hay una deuda pendiente que quedó, 21 años de gente que nunca vio a Sumo. Bueno, nunca lo van a ver porque Luca murió. Se habló en un momento de armar alguna cosa, también un poco en el marco de que ahora se dan los grandes reencuentros. Pero si algo caracterizó a Sumo es que nunca hicimos negocio de nuestro pasado. Más allá de tocar un par de temas. Esa es la razón principal. Después, sucedieron cosas que no tendrían que haber pasado, que hacen que eso realmente sea un sueño.
-¿Después de la reunión breve para el Quilmes?
-Sí, sí.
Daffunchio no es hostil, al contrario. Se ríe mucho, no necesita impostar sensibilidad: le sale naturalmente cuando habla. Y cuando se calla. Lo único que recomienda con vehemencia es la película documental sobre Prodan: Luca, de Rodrigo Espina. Aunque después dispara contra todo: de Estados Unidos al gobierno nacional, del tránsito a una ciudad que ya “está colapsada, espero no deprimirte”.
-¿Qué conservás de los ideales de cuando empezaron?
-Cada vez estoy más anti: estoy harto de lo que pasa en el mundo, de los malditos que, por poder, hacen que el resto de los seres humanos tengan vidas que no están buenas. El mundo se va a pudrir inevitablemente. Por eso, ¿sabés qué? Es una hipocresía que salgan avisos que digan: “Cuidemos nuestro bosque”.
-¿Por qué pensás que hay una especie de “Rock K”, oficialista, que perdió capacidad de crítica?
-Los músicos cada vez se han vuelto más idiotas, menos comprometidos socialmente. No estoy hablando en general, más bien de los que están pendientes del look, de la vida superficial pasajera. Una parte del rock es completamente fashion. Conozco pocos músicos que se la bancan y sí son fieles a sus principios.
-¿Como quiénes?
-Fernando de Catupecu. Son los que llevan años de batalla.
-¿Qué pensás del gobierno?
-Tengo certezas absolutas de lo que pasa con el poder en la Argentina. Un amigo mío francés me dijo: “El problema de la Argentina es muy simple, la mafia y el Estado están en el mismo lugar”. Y yo lo creo perfectamente.