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Emblema rockero, fetiche consumista y símbolo de status juvenil: la zapatilla más popular del mundo, ¿podrá durar otro siglo?
Txt. Nicolás Artusi.
nartusi@clarin.com
Faso en mano, el escritor beatnik posa en minishort y zapatillas sin mácula. Otra foto muestra el calzado roñoso del rockero, que resume una voluntad de rebeldía aun en el punto más alejado de la cabeza. En una improvisada galería de la fama, Hunter S. Thompson y Kurt Cobain miran a la cámara con sus Converse All Star, las zapatillas que cumplen cien años y que inventaron la “americana”: de lona y símil bota, adoptada por las juventudes del siglo XX, sea con el modelo “Ramones”, en homenaje a los punkies que no cambiaron de llantas por treinta años, o “Classic”, con el que James Dean apretó el acelerador el día que se hizo inmortal como joven eterno.
Patrocinadas por Chuck Taylor, un Magic Johnson de 1917, las All Star serían alimento para la saciedad de consumo y plato indigesto para el globalifóbico: se vendieron 750 millones de pares en todos los continentes, aun en aquellos países de Asia donde legiones de niños hambrientos cosen el negocio del calzado. “Si las gorras simbolizan la ideología, las zapatillas representan el poder: mirás los pies y sabés cuánto tiene una persona”, analiza la socióloga fashionista Susana Saulquin, autora del manual Historia de la moda argentina: “Ahora que los Estados Unidos están perdiendo poder en el mundo, no es casual que Converse nos invada con publicidad: lo último que se defiende es el poder de la imagen”. ¿Es la decadencia del imperio de la americana? “No sería raro pensar que, como EE.UU., las Converse serán mal vistas entre los jóvenes”.
Mientras Buenos Aires se empapela con afiches de All Star pobladas de estrellas todas (Elvis Presley, Johnny Rotten, ¡Sandro!), el lema impone un imperialismo del calzado: “Welcome to the Converse Century”. Después de la odisea del 2001, cuando conseguir una etiqueta “Original Made In USA” era más difícil que encontrar un jean Far West, la juventud palermitana se hizo traer pares de Norteamérica para completar un vestuario a lo Stroke: pantalón de traje, re- merita raída y zapatillas mugrientas. La voluntad fashionista no claudicó aun en las crisis y, si la “americana” sólo es original cuando nace en el Norte del continente, aquí hubo adaptaciones criollas: la John Foos (con el slogan “la única zapatilla hecha para no hacer nada”: una vaga idea paterna de pereza púber) y la Flecha, que en la Dictadura cambió la dirección, de izquierda a derecha, porque al decir de la publicidad, “va en tu mismo sentido”: derecho y humano.
Con los nuevos paradigmas de consumo, ¿se apagará la estrella? Aunque sea cierto que carismático cantante argentino es modelo de la marca por “pie perfecto talle 40″, la mayor colección nacional tuvo otro dueño: “Tengo más de cuarenta pares”, se le había ufanado al Sí! Gaby Alvarez. “¿Ves? Ahí se cierra el círculo”, razona Saulquin: “Un RRPP y sus zapatillas blancas, otro símbolo del poder que no dura”.