Un sabor agridulce

http://www.clarin.com/suplementos/si/2007/12/28/3-01572888.htm

Volvieron Soda y Sumo, salieron muchos (buenos) discos, se cerraron más lugares y La Renga sigue haciendo la suya.



Txt J.B..
jbellas@clarin.com

Primero que nada, y para justificar el título, podemos hablar de los “regresos” de Soda Stereo y Sumo. Los primeros, rompiendo récords de convocatoria y los segundos, sin Luca en el vivo y con Luca (y sin banda) en el cine. En ambos casos, dos bandas que revivieron para recordarnos que ya no existen sus paradigmas en el rock argentino actual. Más que nostalgia, nos recordaron su ausencia, que es la misma de un contexto (el de los pubs, bares, sucuchos, antros, etc.) que contemple el crecimiento under de cualquiera que quiera iniciar su camino. Su presencia ¿fugaz? nos recordó que aquello a lo que nos aferramos como mantra (”Mañana es mejor”) en algún momento dejó de funcionar como un todo.

Pero… veamos el vaso medio lleno: salieron unos cuantos discos de nivel aceptable para arriba. Anoten, si no: Civilización (Los Piojos), Porco Rex (El Indio Solari) La marca de Caín (Skay Beilinson), La lengua popular (Andrés Calamaro), El Mamut (Massacre), Basta! (Las Pelotas), Laberintos entre aristas y dialectos (Catupecu Machu), Orfebres (Pez) y otros varios. Sin embargo, en el rubro “promociones”, no hubo ascensos entre las bandas de mitad de tabla, pero fue fulgurante el año de Las pastillas del abuelo, con un salto de popularidad cuyo único parangón reciente sería el de Callejeros en el 2004, obviando las connotaciones trágicas de aquel caso. Los lectores del Sí! consagraron a Las pastillas… con un número de votos por demás contundente, siendo el grupo más votado en un rubro individual.

En un año donde Bersuit se sumó al club de “los-que-hicieron-River”, vale volver a rescatar lo de La Renga. En un momento en que el rock local es cualquier cosa menos autocrítico, que vive colgado de las tetas del Estado y los sponsors y, aun así, pretende seguir sosteniendo un discurso de rebeldía, el trío de Mataderos es el único que sostiene con el cuero lo que dice con la lengua. Por supuesto, todo ese voluntarismo podría perfeccionarse. Por más onda que tenga, no da ir a un recital a esquivar pungas o con la perspectiva de no conseguir bondi hasta las tres de la mañana, caminando cuarenta cuadras para el caso. Aun así, seguir a La Renga acaso resulte la única forma de pertenecer a un movimiento al que, quizás con razón, el propio Gustavo Cerati dice que ya no nos pertenece. ¡Que se abra el debate!



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